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Métodos para el control de Varroa destructor: un enfoque de manejo integrado de plagas

El parásito Varroa destructor (Figura 1) es actualmente la plaga más importante de la abeja de miel occidental (Apis mellifera).
Updated:
February 9, 2026

Estos ácaros se propagaron por todo el mundo después de que las abejas asiáticas (Apis cerana) los transmitieran a la especie occidental, llegando a los Estados Unidos en 1987.

La varroa, como se conoce comúnmente, se reproduce en las celdas donde se desarrollan las abejas obreras y los zánganos (Figura 2). Los zánganos son las abejas macho de la colmena y las celdas donde se desarrollan son más grandes que las de las abejas obreras. El estadio pupal de los zánganos dura más tiempo que el de las obreras (15 días en zánganos frente a 11 días en obreras). Como resultado, los ácaros producen más descendencia por ciclo en las celdas de zánganos que en las de obreras.

El parásito V. destructor no se reproduce en las celdas de las reinas debido al efecto repelente de la jalea real y a que el período pupal de las reinas es más corto (7 días). Durante el estadio de producción de la descendencia, la mayoría de los ácaros se reproducen dentro de las celdas con pupas, donde con frecuencia evaden los métodos de control químico.

Ilustración del ciclo de vida de los ácaros varroa y los zánganos y obreras de las abejas melíferas desde la etapa de huevo hasta la etapa adulta

Figura 2. Ciclo de vida de V. destructor y de las obreras y zánganos de A. mellifera. Los ácaros se reproducen en las celdas de las pupas. Debido a que el desarrollo de los zánganos es más lento, la varroa prefiere infestar estas celdas, las cuales pueden utilizarse posteriormente como trampas. Imagen de Nick Sloff.

Se cree que la varroa se alimenta de los cuerpos grasos de las abejas, órganos que proporcionan energía durante periodos en los que las abejas no pueden forrajear, como el invierno. Estos parásitos no solo debilitan el metabolismo de las abejas, sino que además transmiten varios virus letales. La cantidad de virus presente en las abejas generalmente se correlaciona con la cantidad de ácaros en las colmenas, la cual aumenta desde la primavera hasta el otoño. Por esta razón, el control de los ácaros también contribuye al control de los virus.

En apicultura, la aplicación de tratamientos contra Varroa es crítica, ya que, si el control no se realiza durante el otoño, las colmenas tienen una baja probabilidad de sobrevivir al invierno.

El monitoreo de los niveles de Varroa en las colonias es fundamental para determinar si se requiere un tratamiento y de qué tipo. Los apicultores suelen medir la abundancia promedio de ácaros, expresada como el número de ácaros por cada 100 abejas, siguiendo un cronograma regular, generalmente mensual. Esto permite identificar el momento en que la población de ácaros en las abejas obreras supera los umbrales establecidos.

El monitoreo puede realizarse mediante diferentes métodos, como frascos con azúcar, lavados con alcohol o el uso de tableros adhesivos. El lavado con alcohol es el método más preciso para monitorear las poblaciones de ácaros, especialmente en apiarios con muchas colonias, ya que el muestreo de aproximadamente el 20 % de las colonias proporciona información suficiente sobre la población de Varroa en el apiario.

Los umbrales económicos varían, pero su objetivo general es mantener los niveles de ácaros por debajo o cerca de una abundancia promedio de 2 ácaros por cada 100 abejas. Este es un nivel bajo, que puede mantenerse mediante una combinación de prácticas culturales y químicas (Figura 3).

Los apicultores pueden utilizar un enfoque de manejo integrado de plagas (MIP), en el cual se combinan y rotan diversas técnicas de control de Varroa a lo largo del año. La combinación de varios métodos es más efectiva y reduce la probabilidad de que los ácaros desarrollen resistencia a los tratamientos químicos, un fenómeno que ocurre cuando se utiliza repetidamente un solo tipo de control.

La pirámide para el manejo integrado de plagas (MIP) del ácaro Varroa destructor.
Figura 3. Pirámide del manejo integrado de plagas (MIP) para el control del ácaro Varroa destructor. Imagen de Nick Sloff.

En este trabajo se revisan los diferentes niveles de prácticas de MIP para el control de V. destructor y se resume brevemente su eficacia y los posibles impactos negativos de cada práctica.

Eficacia: capacidad de producir un efecto deseado. En entomología, este término se utiliza para describir la efectividad de un pesticida o de una práctica de manejo para controlar una plaga.

Controles culturales

Los controles culturales tienen como objetivo reducir la reproducción de las plagas sin el uso de compuestos químicos. En el caso del control y la prevención de Varroa, estos enfoques incluyen el uso de linajes de abejas resistentes a los ácaros, el empleo de panales con celdas de menor tamaño y la interrupción del ciclo reproductivo de la colonia.

Linajes resistentes a los ácaros

El uso de abejas con resistencia a Varroa puede reducir la dependencia de tratamientos químicos. Con este fin, se han desarrollado y seleccionado varios linajes de abejas melíferas con características de resistencia. Las importaciones de abejas a los Estados Unidos han priorizado poblaciones que han estado expuestas a V. destructor durante largos períodos.

  • Abejas rusas: Este linaje inhibe la reproducción de Varroa y presenta una tasa de crecimiento poblacional del ácaro menor en comparación con otros linajes de abejas melíferas. Además, muestran un menor porcentaje de infestación en la cría, lo que reduce la proporción de abejas infectadas con el virus de las alas deformes (DWV, por sus siglas en inglés). Este virus se replica en menor medida en abejas rusas.
  • Abejas higiénicas sensibles a Varroa: Estas abejas pueden detectar y remover pupas infestadas por el ácaro. El comportamiento higiénico se caracteriza por la rápida eliminación de cría muerta o enferma, lo que también favorece la remoción de ácaros. Este comportamiento puede evaluarse mediante pruebas de campo.
  • Abejas con comportamiento de mordida: Estas abejas muerden a los ácaros, causando daños en sus cuerpos o patas. Esta característica se identifica examinando los ácaros recolectados en tableros adhesivos y determinando la proporción de ácaros dañados.

Tamaño reducido de las celdas

La apicultura moderna incorporó, a partir de la década de 1950, el uso de cera estampada comercial con celdas de 5.4 mm. Sin embargo, en condiciones naturales, las abejas tienden a construir panales con celdas más pequeñas, de aproximadamente 4.9 mm.

Algunas investigaciones sugieren que el número de ácaros por celda puede ser menor en celdas pequeñas debido a que el estadio pupal es más corto, lo que limita la reproducción del ácaro. La eficacia de esta práctica es aún controvertida en la literatura científica, pero no se han identificado efectos negativos para las abejas.

Interrupción de la reproducción de la colonia

La interrupción del ciclo reproductivo de la colonia puede reducir significativamente la disponibilidad de celdas de cría para la reproducción de los ácaros. Esto puede lograrse mediante el enjaulado o la remoción temporal de la reina durante aproximadamente tres semanas. Durante este período, toda la cría emerge y los ácaros se ven obligados a permanecer sobre las abejas adultas.

Este enfoque, por sí solo o combinado con tratamientos químicos, puede disminuir de manera significativa el crecimiento de la población de Varroa. Además, la ausencia de cría incrementa el comportamiento de aseo de las abejas adultas, lo que puede contribuir a la reducción de ácaros, especialmente cuando se combina con tableros inferiores perforados.

Controles mecánicos

El control mecánico de Varroa se basa en manipulaciones físicas de la colonia o la colmena y puede ser efectivo, especialmente cuando se emplean varios métodos en conjunto. Entre estos métodos se incluyen los tableros inferiores perforados, la eliminación de cría de zánganos y la aplicación de azúcar en polvo.

Trampas para ácaros mediante cría de zánganos

La eliminación de cría de zánganos aprovecha la preferencia de Varroa por este tipo de cría. Los ácaros tienen mayor éxito reproductivo en las celdas de zánganos que en las de obreras, produciendo más descendencia por ciclo. Esto se debe tanto al mayor tiempo de desarrollo pupal como a un mayor período de atracción de las celdas.

Al introducir panales destinados a la cría de zánganos y retirarlos antes de la emergencia de los adultos, se eliminan de forma efectiva los ácaros que se reproducen en esas celdas. Las crías pueden congelarse y devolverse a la colonia o retirarse del marco (Figura 4). Este método reduce la tasa de crecimiento de la población de Varroa, aunque no suele ser suficiente como única estrategia de control.

Raspado de las celdas con crías de zánganos de un marco que se agregó para actuar como una trampa para ácaros
Figura 4. Eliminación de cría de zánganos utilizada como trampa para ácaros. Foto de Robyn Underwood.

Tableros inferiores perforados

Los ácaros que se encuentran sobre las abejas adultas caen naturalmente como resultado del movimiento dentro de la colmena y del comportamiento de limpieza. El uso de un tablero inferior perforado permite que los ácaros caigan fuera de la colmena, reduciendo la probabilidad de que regresen a las abejas (Figura 5).

Este método puede disminuir la reinfestación de las celdas de cría, pero no evita que las poblaciones de Varroa alcancen niveles que requieran tratamiento, por lo que debe combinarse con otras prácticas de control.

El panel inferior de la izquierda es un panel inferior perforado, mientras que el de la derecha es un panel inferior sólido.
Figura 5. El panel inferior de la izquierda es un panel inferior perforado, mientras que el de la derecha es un panel inferior sólido. El piso de la colmena se puede filtrar para permitir que los ácaros caigan al suelo, donde no pueden regresar a la colonia. Imagen de Robyn Underwood.

Azúcar en polvo

La aplicación de azúcar en polvo sobre las abejas puede estimular el comportamiento higiénico y provocar la caída de ácaros hacia el tablero inferior. Aunque puede ser efectiva, esta práctica requiere una inversión considerable de tiempo y mano de obra. Por sí sola, no suele controlar adecuadamente la población de ácaros, pero puede complementar otros métodos mecánicos.

Controles Químicos

La reproducción de Varroa durante la primavera y el verano suele generar poblaciones elevadas en otoño. Si se supera el umbral económico, es necesario aplicar un tratamiento antes de la producción de las abejas de invierno. Dentro de un enfoque de MIP, se recomienda priorizar el uso de productos de origen natural siempre que sea posible.

Productos de origen natural

Los ácidos orgánicos, aceites esenciales y los beta ácidos del lúpulo se consideran productos químicos blandos porque son derivados naturales. Estos tratamientos son efectivos y no dejan residuos químicos en los productos de la colmena, como la cera. Si se usan productos químicos en la colmena, se recomienda aplicar productos químicos blandos antes de considerar el uso de químicos duros. Además, las colonias deben tratarse sólo si los esfuerzos de monitoreo de la varroa indican que es necesario.

  • Los ácidos orgánicos, los aceites esenciales y los ácidos beta del lúpulo se consideran tratamientos de origen natural debido a su procedencia. Son efectivos y, en general, no dejan residuos persistentes en la cera.
  • Ácido fórmico: Presente de forma natural en el veneno de las abejas y en la miel. A altas concentraciones puede penetrar las celdas y eliminar ácaros reproductores. Su eficacia depende de la temperatura y puede causar daños a la colonia si se aplica en condiciones inadecuadas.
  • Ácido oxálico: Compuesto natural presente en diversas plantas. Puede aplicarse por sublimación o por goteo. Es más efectivo cuando hay poca o ninguna cría y debe utilizarse como parte de un programa integrado, no como tratamiento único.
  • Timol: Aceite esencial derivado del tomillo. Es efectivo contra ácaros sobre abejas adultas, pero no penetra las celdas de cría. Su eficacia depende de la fuerza de la colonia y de las condiciones ambientales.
  • Ácidos beta del lúpulo: Derivados de la planta del lúpulo, pueden utilizarse durante todo el año, incluso durante la producción de miel. Su eficacia es variable y generalmente menor que la de otros tratamientos.

Productos sintéticos

El control químico de los ácaros Varroa puede lograrse mediante el uso de diversos acaricidas. Los acaricidas sintéticos suelen ser altamente efectivos y pueden reducir hasta en un 95 % la población de ácaros. Históricamente, el fluvalinato y el cumafós han sido algunos de los tratamientos más utilizados. Sin embargo, el uso prolongado de estos productos ha favorecido el desarrollo de resistencia en las poblaciones de ácaros, y sus residuos pueden persistir y acumularse en la cera.

Aunque estos productos sintéticos aún son legales para su aplicación, no se recomiendan debido a sus efectos negativos. Los residuos de acaricidas en la cera pueden dañar directamente a las abejas, aumentar su susceptibilidad a patógenos como Nosema y contaminar los productos de la colmena, lo que los vuelve menos deseables para los consumidores. Por estas razones, los productos sintéticos deben considerarse el último recurso dentro de un enfoque de manejo integrado de plagas (MIP).

  • Amitraz: El acaricida sintético más utilizado actualmente es el amitraz, comercializado como Apivar®. En su forma original, el amitraz no persiste como contaminante en la miel ni en la cera. No obstante, se ha demostrado que algunos de sus metabolitos sí pueden persistir. Además, se ha observado un efecto sinérgico entre el amitraz y ciertos virus, lo que se ha asociado con un aumento en la mortalidad de las abejas. También se ha documentado el desarrollo de resistencia al amitraz, por lo que su eficacia podría disminuir con el tiempo.

Resumen

Existen múltiples opciones para controlar las poblaciones de Varroa destructor en las colonias de abejas melíferas. Cada método presenta ventajas y limitaciones, y comprender estas diferencias es clave para una toma de decisiones informada. En un enfoque de manejo integrado de plagas, se recomienda priorizar las prácticas culturales y mecánicas, seguidas por tratamientos de origen natural, y reservar los productos sintéticos como última opción. El monitoreo regular y la rotación de tratamientos son esenciales para lograr un control efectivo y reducir el riesgo de resistencia.

Traducido por: Alfredo Reyes, Stephania Sandoval-Arango, Ginamaria Roman-Echevarria, y Margarita M. López-Uribe

This work was funded by the Penn State Extension Multi-State/Integrated Grant Program.